Lunes 23 de Octubre 2017

Publicado el 19.Abr.2012

Incriminándome de Peter Handke

El lenguaje es un arma...

El 17 de abril se presentó la obra Incriminándome, una producción dramática de Peter Handke, ("Selbstbezichtigung", 1966), traducido del alemán por Ruth Fehling y Nicolás Costa y bajo la dirección de Roberto Aguirre.


La obra consiste en un extenso discurso escrito para ser dicho por una actriz y un actor, en este caso Florencia Limonoff y Emiliano Estevanez. Ellos son los únicos parados frente al escenario, sin embargo pareciera que no hay personajes así como tampoco una trama. Son las palabras las protagonistas de esta obra. Discursos cuasi anónimos que surgen desenfrenados y se expanden como ondas sonoras en el escenario vacío. Palabras que apenas pueden ser contenidas en las bocas de los actores, y que se apoderan de sus cuerpos: los despeinan, los hacen transpirar, los agotan. Al punto que, al terminar la obra, ninguno de ellos queda como comenzó. El paso del tiempo, y el de sus palabras, es igualmente abrumador.


El montaje, que llevó el arte de Martín Hoffmann, los deja al descubierto al mismo tiempo que el sonido, a cargo de Angel Olivencia, los ataca. Parecieran ser dos cuerpos a la intemperie, fuera del amparo de cualquier dios. Ante la falta de respuestas de la palabra divina, es la palabra del hombre la que busca a tientas en su propia experiencia. En esa búsqueda se define el mundo: “No respeté las reglas del idioma. Incurrí en errores idiomáticos. Usé las palabras a la ligera. Asigné a la ligera, cualidades a las cosas. Asigné, a la ligera, palabras para describir las cualidades de las cosas. Contemplé el mundo a la ligera a través de las palabras con que había asignado las cualidades de las cosas. A cada cosa la definí a mi manera”.


Pero se pierde en esa búsqueda. Se trata de una experimentación con el lenguaje y con el ser humano, en su tensión entre lo animal y lo social. Desde que nace y crece hasta que se incorpora en una sociedad que le impone sus leyes: “Vine al mundo. / Llegué a ser. Me engendraron. Me crearon. Me formé. Me dieron a luz. Me anotaron en el Registro Civil. Crecí. / Me movilicé. Movilicé partes de mi cuerpo. Moví mi cuerpo. Me movilicé en el mismo lugar. Me movilicé fuera de ese lugar. Me moví de un sitio a otro. Tuve que moverme. Pude moverme. / Moví mi boca. Comencé a pensar. Me hice notar. Grité. Hablé. Escuché ruidos. Noté diferencias entre ruidos. Provoqué ruidos. Emití sonidos. Emití tonos. Pude emitir tonos, ruidos y sonidos. Pude hablar. Pude gritar. Pude callar”. El aprendizaje del bien y el mal, y las infinitas posibilidades de oscilar entre uno y otro. La posibilidad de matar, la posibilidad de no hacer nada. Constantemente se cuestionan su condición y existencia. Se incriminan.




 

espaciocabrera@palermo.edu