Sábado 06 de Junio 2020

Publicado el 14.Sep.2018

Lo vital como una manera de experimentar la producción artística

Charla con la artista Mariela Scafati

 “Me defino por color, soy rojo y rosa”, descubrió Mariela Scafati a fines del 2012 durante una actividad del taller “Arte y cuerpo”, el cual dictó junto a Vida Morant en el marco del Bachillerato Popular Trans Mocha Celis. A partir de ese momento, la artista comenzó a producir obra haciendo uso del lienzo, el monocromo y la resignificación de objetos, transformándolos en piezas cada vez más híbridas, en abstracciones orgánicas vestidas o atadas con sogas capaces de configurar y suspender un cuerpo objetual inanimado.  

Estos lienzos monocromáticos con prendas propias y encontradas fueron los vehículos de historias y eventos particulares, logrando despojarse en cierta medida del universo plástico para reflexionar sobre la imposibilidad de instaurar límites entre el arte y la vida. En otras palabras, en estas producciones la realidad irrumpe en un mundo subalterno, en donde los cuadros devienen en cuerpos y los colores encarnan identidades, impregnándose de huellas del orden de lo cotidiano.

Este gesto, que de alguna manera terminó humanizando al objeto, también se presentó en la exhibición que llevó a cabo en una de las salas del Instituto de Investigaciones Gino Germani. En la misma propuso exponer su ropa organizada en colores y anudada, formando figuras orgánicas mediante las cuales “se desplegaba una superposición de experiencias”, contó, gracias a las historias personales que contenían estas prendas con años de uso. En la muestra se encontraron piezas tales como un vestido en homenaje a Pablo Suárez, hecho por la artista Clara Domini, un pijama que compró en Pompeya y una de las obras de Roberto Jacoby (una remera con la consigna ¡Hasta la Victoria Oh Campo!), entre otras.

A través de sus producciones, la artista dejó en evidencia cuán atravesada está por una lógica que encuentra sus cimientos en la ruptura de cánones, como el de las artes plásticas, que han sido tradicionalmente mitificados. Esta forma disruptiva de abordar el arte le permitió pensar en cuánto puede soportar una pintura (un cuerpo), lo cual la llevó a investigar sobre prácticas que suponen una idea de riesgo como el BDSM (bondage y disciplina; dominación y sumisión; sadismo y masoquismo), en principal el Bondage, para unir y suspender esos cuerpos monocromáticos y geometrizados, que en algunas ocasiones se configuraron junto a muebles demostrando la fragilidad y fortaleza del lienzo atado. Como sería el caso de las piezas presentadas en su exhibición Las cosas amantes en la galería Isla Flotante en el 2015.      

A lo largo de los años, Mariela fue construyendo una amplia trayectoria dentro del campo del arte contemporáneo. Movilizada por sus convicciones, inquietudes y ardua militancia feminista, investigó y reflexionó sobre el desarrollo de obra y se concibió a sí misma en su producción. Mediante estas manifestaciones artísticas y políticas, propuso desde una perspectiva intimista un discurso sin etiquetas centrado en la riqueza comunicacional del arte, “me hace bien hacer obra, pero también produzco porque me da la posibilidad de hablar sobre otras cosas”, expresó.  


 

espaciocabrera@palermo.edu