Lunes 01 de Junio 2020

Publicado el 26.Oct.2018

Un cruce entre la contracultura y el arte contemporáneo

Charla con el artista Nicanor Aráoz

“¿El arte es capaz de curar o salvar?” Ésta es una de las preguntas que atraviesan las producciones de Nicanor Aráoz, quien explora mediante sus procesos de trabajo y concibe las exposiciones como ensayos, en donde puede probar sus ideas y los experimentos que realiza en su taller. Dichas características evidencian la postura que toma el artista ante su rol como tal, uno no convencional, sino más bien alternativo. De esta manera, su gusto por la contracultura y la resistencia a los estándares, lo llevaron a trabajar con los placeres de la carne y la provocación visual, entre otros elementos que rozan con los de movimientos del underground como el punk. Esto le permitió hacer ruido y poner en riesgo lo establecido. Es decir, a través de las trasgresiones estéticas y conceptuales que operan en sus obras, Nicanor expuso las posibles fisuras que hay en las convenciones sociales, logrado incomodar incluso hasta el día de hoy. 

Un ejemplo claro sería la muestra Analogía genética (2016) en la Universidad Torcuato Di Tella, bajo la curaduría de Lucrecia Palacios, Alejo Ponce de León e Inés Katzenstein. La misma abarcó una década (2006-2016) de trayectoria, desde sus comienzos hasta aquel entonces, reuniendo 12 esculturas y objetos. “En un principio veía algo de diario personal en todas las piezas, pero con esta muestra entendí que las obras son totalmente autónomas”, comentó Nicanor. Esta exposición evocó el universo del artista durante un tiempo prolongado de su vida. Uno que contiene objetos de la cultura popular, los cuales manifiestan una crítica hacia el consumo, al igual que la vasta variedad de figuras grotescas que parecieran estar sacadas de un film de terror o de una pesadilla. Sin embargo, también podrían percibirse como algo alejado de la ficción, pasando a ser personificaciones de todo aquello que se esconde en las profundidades de la mente.

Dicha conexión, la relación entre su obra y el inconsciente, no es casual ya que el artista antes de dedicarse al arte, estudió la carrera de Psicología en la Universidad de la Plata, hasta que finalmente decidió dejarla para introducirse al campo artístico. No obstante, más allá de su trayectoria académica o las intenciones detrás de sus producciones, las piezas en sí mismas tienen el poder de cobrar vida y ser apreciadas desde la subjetividad de cada espectador. Así de personal se sienten cuando se está frente a ellas, lo cual no suele verse a menudo en el arte contemporáneo, que mayormente necesita de agentes del campo o textos que acompañen las muestras para su comprensión.

Ahora bien, ¿el arte es capaz de curar o salvar? Es muy probable que la respuesta varíe dependiendo del caso, pero con respecto a la producción del artista, lo que sí queda claro es que para una u otra se necesita de la deconstrucción y la reflexión. En este sentido, él lo logra al introducirnos a aquel universo poéticamente monstruoso y libidinoso, un inframundo atravesado por el extrañamiento, lo cual sin lugar a duda interpela a los cuerpos presentes. En otras palabras, el público reacciona y por efecto comienza a cuestionar.


 

espaciocabrera@palermo.edu