Lunes 01 de Junio 2020

Publicado el 28.Jun.2018

Experiencias nómades para habitar un territorio y crear redes colaborativas

Encuentro de residencias de arte

¿Cómo se piensan los programas de residencias? ¿Se trata de un espacio de formación, de networking o aporta a la visibilización de los artistas?

Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron a lo largo de la charla propuesta por Espacio Cabrera. Para desandar estos lugares comunes en el recorrido del artista y reflexionar sobre su peso en el campo artístico, se convocó a Pablo Caligaris (La Ira de Dios), Agustín Jais (Matienschön del Club Cultural Matienzo), Lina Ángel y Almudena Blanco (RARO), Franc Paredes (La Paternal Espacio Proyecto), Lucrecia Urbano (Zona Imaginaria) y Gustavo Dieguez (Investigaciones del Futuro), quienes dirigen los programas de residencias referentes de la escena local.

Sin duda las residencias forman parte de una instancia importante en la carrera del artista, estos espacios pueden ofrecer un intercambio de saberes y gestiones, formación, acompañamiento en el desarrollo de un proyecto y su exhibición posterior. Sin embargo, existe una gran variedad de programas con diversos objetivos. Algunos parten de una necesidad artística y colaborativa, como el caso de La Paternal Espacio Proyecto, un laboratorio de investigación y experimentación, que busca establecer un diálogo entre las prácticas artísticas y la sociedad. Éste cuenta con cuatro programas destinados al cruce entre el arte y otros campos como la política, el medioambiente, la vida colectiva y las nuevas tecnologías, de tal manera, invitan a los residentes a que amplíen sus búsquedas artistas, creando redes e involucrándose con temas relacionados a otros campos.

Al igual que Matienschön del Club Cultural Matienzo, que apuesta al “desarrollo de redes colaborativas en tanto a personas, instituciones, colectivos y organizaciones. Gente que aporta y hace de su ser, de su cuerpo y de su medio local una plataforma para otros y para el desarrollo de encuentros sustentables. Un enfoque particular en el medio local y sobre todo en organizaciones sociales”, comentó Agustín. Además, hizo hincapié en la necesidad de saber cuáles son los recursos que cada uno tiene, las condiciones particulares, es decir, “lo que podemos ofrecer de verdad, lo que entendemos que está bueno para nuestro contexto y lo que a nosotros nos interesa para encontrar un artista que tenga algo para aportar y le sirva”, agregó.

Estos tipos de residencias se enriquecen a través de las alianzas y vínculos con otros proyectos y espacios, como sería el caso de RARO. La particularidad de este programa multidisciplinario es que se trata de residencias itinerantes, es decir, éste no tiene espacio físico en donde residir, sino más bien convenios con diversos ateliers de artistas, dando la oportunidad de experimentar y producir obra en estos talleres, como también profundizar una o varias técnicas.

En cambio, hay otros programas que proponen generar experiencias a través de la producción en torno a determinados territorios, como el de Zona Imaginaria e Investigaciones del Futuro. En cuanto al primero, su enfoque surgió a partir de la construcción de un muro que dividió San Fernando de San Isidro, quedando el espacio en la zona más precaria del barrio, “este momento muy concreto me hizo reflexionar sobre este lugar, por eso, el programa de residencias se titula ¿Quién puede vivir en esta casa?, el cual invita a artistas a que vengan a vivir y a moverse en ese lugar que se había tildado de peligroso, para generar propuestas que se vinculen con el barrio”, explicó Gabriela. Mientras que el segundo, se define como un espacio de exploración, producción y pensamiento en torno a temas relacionados con la cultura y el territorio. Éste cuenta con dos proyectos, uno sobre arquitectura y otro sobre artes electrónicas.

Si bien en varias residencias se hace hincapié en el desarrollo de vínculos y experiencias, otras destacan las dinámicas de trabajo y las relaciones que se dan entre los artistas. Por ejemplo La Ira de Dios, el cual tras tres años en un espacio de Villa Crespo, se mudó a principios del 2018 a CheLA. Éste lleva a cabo tres programas de residencias por año con grupos de hasta diez artistas aproximadamente y actividades grupales, como cenas con invitados especiales, recorridos y visitas personalizadas. A través de esta última experiencia, entre otras, fomentan la colaboración y el trabajo en conjunto entre los artistas que están entre uno y dos meses conviviendo y produciendo bajo el mismo techo.    

A lo largo de la charla, quedó en evidencia que justamente la riqueza de estos proyectos es haber realizado una búsqueda particular. Cada residencia, como comentó Lina, “tiene su propio corazón, pero hay una cuestión humana que se repite en todas, la cual permite sumergirse en la dinámica del otro y acercarse desde otro lugar”.


 

espaciocabrera@palermo.edu