Jueves 23 de Enero 2020

Publicado el 7.Mar.2019

Ciencia ficción, tecnología y arte

Charla con el colectivo de artistas Oligatega

Alfio Demestre, Mariano Giraud, Maximiliano Bellmann y Mateo Amaral se conocieron a fines de la década de los ’90 en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, mientras estudiaban artes visuales. Éste fue el escenario en donde se originó Oligatega Numeric, colectivo que encuentra sus cimientos en el género de ciencia ficción, el cyberpunk, la música y los videojuegos, plasmando este bagaje compartido en sus producciones artísticas, un proceso que Mariano llamaría como “tecnofolklorizar su background”.

Si bien van variando de un lenguaje a otro e incluso realizan cruces entre estos, hay algo que sí logra mantenerse: su carácter colaborativo, lo cual no era muy usual a principios del 2000, época en la que empezaron a producir en equipo. Hasta ese entonces abundaban los grupos de artistas que exponían juntos, pero en su mayoría las piezas eran individuales a diferencia de los oligategas, quienes buscaban la participación activa de todos los integrantes en un mismo objeto, adquiriendo una manera horizontal de trabajo. De esta manera, a través de una lógica lúdica, uno intervenía sobre lo hecho por un otro y viceversa.

Por ejemplo, Mobo6 dice: (2004) deja en evidencia el borramiento de las identidades individuales para desarrollar un sujeto colectivo. Este fue el resultado de un ejercicio que hicieron para reflexionar y establecer conceptos, mediante un chat grupal en el MSN en donde todos tenían el mismo nickname. A través de éste las ideas perdían autoría permitiéndoles construir una sola entidad, como diría Alfio, “entrar en una constelación propia”. Inspirados por este método, terminaron produciendo una estructura amorfa cubierta con tela blanca y film transparente, un ente monstruoso con un micrófono y un parlante por el que se podía escuchar mediante múltiples voces una conversación, que reunía no solo lo dicho en el programa de mensajería instantánea sino también sensaciones del momento y poesías.

En este sentido, la colectividad pasa a ser uno de los tantos factores que caracteriza a dicho grupo, al igual que su interés por buscar formatos híbridos, mutantes, a través de productos de la cultura popular como el cine. De este último tomaron la narración cinematográfica (pero sin utilizar los medios convencionales), la reflexión en torno a los posibles puntos de vista del espectador y una estética propia de la ciencia ficción, principalmente del subgénero cyberpunk. Una de las piezas que evidencian estos elementos es Tren fantasma (2005), la primer obra de video en vivo que realizaron. En ésta un tren electrónico cubierto por una montaña de césped en miniatura con una cámara que transmite las imágenes captadas y las muestra en el centro del dispositivo a través de un mini televisor.

En diálogo directo con dicha producción, llevaron a cabo Inteligencia artificial (2017) la cual, según los miembros de Oligatega Numeric, “daba la sensación de estar dentro de ese tren presentado años atrás”. La misma consistía en una instalación compuesta por esculturas de madera de grandes dimensiones, pinturas e impresiones digitales en un espacio cuyas luces se movían azarosamente generando sombras amorfas.

Una de las preguntas que inevitablemente se presentan al ver las producciones de Oligatega Numeric es: ¿qué tan lejos estamos de las manifestaciones tecnológicas que nos muestra la ciencia ficción? Ellos nos acercan este universo en donde converge lo fantástico y lo científico bajo una estética que roza con el retro-futurismo. 


 

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