Jueves 23 de Enero 2020

Publicado el 27.Sep.2019

Un otro–lugar

Charla con la artista Ananké Asseff

En esta época de incertidumbre, la obra de Ananké Asseff logra cuestionar el discurso de los productos cinematográficos y los medios de comunicación que alimentan el miedo en el imaginario colectivo.

En varias de sus obras hace uso de diversos objetos, lenguajes y disciplinas para problematizar la violencia y los imaginarios construidos en torno al miedo, al igual que los roles de víctimas y perpetradores. Este sería el caso de Reconstrucción de la serie Soberbia (2016), la cual consiste en un políptico de 12 piezas de fotografía directa donde un vidrio artesanal ocluye parcialmente la imagen. Para lograr esta serie, la artista se acercó hacia quienes convivían con pistolas, fue a sus casas y les pidió que la apuntaran con estas armas de fuego. Esta última escena es la imagen que se observa en las fotografías, poniendo el cuerpo en cada una de ellas, con el fin de reflexionar el vínculo que se establece entre víctima y perpetrador. Como diría Ananké, “lo que implica apuntar y ser apuntado”.

Así, el cuerpo se transformó en uno de los elementos más importantes en su obra tanto en sus acciones performáticas, en donde usa su propia imagen “desde un lugar universal, no autoreferencial”, como en relación a las sensaciones del espectador. Toma así el concepto de “cuerpo vibrátil” de la filósofa brasileña Suely Rolnik, quien propone una mirada particular sobre las corporalidades, al dotarlas de vibraciones que intervienen significativamente en el entorno.

Esto se puede observar en otra de las piezas de la misma serie, Víctima y perpetrador donde presentó una instalación compuesta por dos parlantes, uno en frente del otro, que emitían los latidos de las víctimas y perpetradores. El vacío que los separaba era el lugar destinado para el espectador para escuchar ambos latidos a la vez, sin saber cuál correspondía a cada uno. Según la artista, “esto repercute en el cuerpo del público, generando una vibración que se traduce en un impacto emocional”.

Si bien a lo largo de su trayectoria manifestó interés en temas arraigados al temor y a la violencia, en este último tiempo hizo hincapié en la importancia de correrse de lo conocido. “Una como persona y esencialmente como artista, va teniendo preocupaciones a lo largo de la vida. En el mejor de los casos, estas últimas pueden ir superándose y transformándose en otras cosas”, comentó y agregó: “En el arte contemporáneo uno encuentra recursos que repite de forma constante. Por esto, me encontré en la necesidad de correrme de eso en cuanto lo identifiqué”. Así través de una nueva etapa, Ananké propone un bienestar lúcido. En una de sus últimas performances, Bailar para el agua (2019), varios performers escuchan al mismo tiempo una canción específica mediante auriculares bajo la consigna de moverse libremente. Esta obra permite reflexionar y entender que “todos formamos parte del ambiente. Nuestra energía y pensamiento hacen al todo, tienen una influencia en el entorno”.


 

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